CARMELO ARDEN QUIN | OBRAS 1942-2010
23234
page-template-default,page,page-id-23234,ajax_fade,page_not_loaded,,qode_grid_1300,footer_responsive_adv,columns-4,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-10.1.2,wpb-js-composer js-comp-ver-5.4.2,vc_responsive

Carmelo Arden Quin | Obras 1942-2010

DEL 2 AL 30 DE NOVIEMBRE

Ver biografía del artista

UNA GRATA EVOCACIÓN.
A siete años de su muerte, presentar hoy una muestra de Carmelo Arden Quin, implica recordar que fue uno de los principales protagonistas del legendario movimiento MADÍ. En 1948 Arden Quin se instala en París, desde donde con obstinado rigor siguió propagando el ideario MADI, hasta llegar a construir un verdadero movimiento internacional con artistas que pertenecen a Europa, Asía, EE.UU., y por supuesto del Río de la Plata y otros países de América Latina.
En el año 2007, así sintetizaba Arden Quin los fundamentos de MADI: “El soporte anterior a MADI, tanto en el arte figurativo como no figurativo, es una superficie de cuatro ángulos rectos y se da en el cuadrado y el rectángulo; hasta entonces en ese soporte fue hecha toda la pintura incluso la geométrica.
En 1946, los artistas MADI, teorizan y proponen el marco recortado, “principal
conceptualización de MADI”, para llegar hasta las últimas consecuencias de la crisis de la representación; la idea de ruptura con el marco ortogonal libera a las obras del campo o fondo para subrayar sólo el núcleo,

que ahora adviene forma plana viviendo en el espacio con la riqueza de la multiplicación de los ángulos. Y es aquí donde se consuma la anhelada ruptura total con el pasado metafísico, para advenir en palabras de Arden Quin “un simple objeto visual”. En estas obras el cuerpo plástico materializa algo; pero este materializar no es un representar sino la presentación de lo que se ofrece a nuestra mirada. Las obras de Carmelo Arden Quin son una constante oscilación entre el rigor de la geometría y ese espíritu lúdico que lo acompañó hasta su muerte, porque sabía
Carmelo que también en el juego se juega lo más grave, lo que nos hace posible
arrancarle a lo absoluto otra cifra de lo no dicho, esas caras cambiantes que mientras tanto sus obras siguen haciendo visibles.
Pero esta larga vida al servicio del arte, esa inmensa obra abierta aun hacia el porvenir, también nos enseña otras claves de la multifacética realidad: pintar no significa convertir lo real en pintura sino hacer que la pintura sea real. Lo único irreal sólo está en la mala pintura.
Raúl Santana, Octubre 2017